Milei cantó en Jesús María y reavivó la polémica por su rechazo histórico a los festivales populares

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Milei cantó en Jesús María y reavivó la polémica por su rechazo histórico a los festivales populares

La imagen recorrió el país en cuestión de horas: el presidente Javier Milei arriba de un escenario popular, micrófono en mano, cantando “Amor salvaje” junto al Chaqueño Palavecino en el Festival de Jesús María.

El gesto, celebrado por algunos como una postal de cercanía cultural, abrió un debate inevitable. No por la canción ni por el folklore, sino por el contraste con un discurso que el propio Milei sostuvo durante años: una crítica frontal a los festivales populares, a los gobiernos provinciales que los financiaban y a los artistas que participaban de ellos.

En entrevistas y apariciones públicas previas a su llegada a la Presidencia, Milei cuestionó duramente este tipo de eventos. En una de ellas, puso como ejemplo a la provincia de Córdoba y sostuvo que muchos festivales eran formalmente privados, pero financiados con subsidios millonarios del Estado. En ese marco, apuntó contra artistas populares, a quienes acusó de cobrar dinero público, y planteó una pregunta que se volvió central en su argumentación: si era legítimo destinar fondos a espectáculos mientras esos mismos recursos provenían de impuestos que, según él, afectaban a los sectores más pobres del país.

Ese razonamiento fue parte de una narrativa más amplia que convirtió a los festivales populares en símbolo de lo que Milei definía como despilfarro estatal. Dentro de ese discurso, también surgieron ataques personales a artistas, entre ellos la cantante Lali Espósito, a quien rebautizó de manera despectiva para reforzar su crítica.

Por eso, la escena de Jesús María no pasó inadvertida. El presidente no fue un espectador más: fue protagonista. Subió al escenario, aceptó la invitación del artista y se sumó al show ante miles de personas. La contradicción quedó expuesta sin necesidad de mayores interpretaciones.

El debate no gira en torno al folklore ni a la cultura popular, sino a la coherencia política. ¿Se trató de un cambio de mirada sobre la cultura y los festivales, o de un gesto oportuno en un evento de alta visibilidad social? ¿El problema era el gasto, los artistas o el contexto político?

Mientras el gobierno sostiene un discurso de ajuste y recorte, la imagen del Presidente celebrando en un festival popular reaviva una discusión de fondo: hasta qué punto el relato que se construye resiste el peso de los gestos simbólicos.

Jesús María volvió a demostrar que, en política, no hay escenas inocentes. Y que cuando el pasado reciente contradice el presente, la explicación se vuelve inevitable.

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