Milei en Jesús María: del ataque a los festivales al escenario financiado por el Estado

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Quién financia el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María

El presidente que demonizó los festivales populares terminó celebrando en uno sostenido con fondos públicos

La imagen sorprendió incluso a propios y ajenos: Javier Milei sobre el escenario del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, cantando junto al Chaqueño Palavecino, en uno de los eventos culturales más emblemáticos del país. No fue solo una postal folklórica: fue una escena política cargada de contradicciones.

Durante años, Milei construyó parte de su discurso público atacando a los festivales populares, acusándolos de ser un gasto innecesario del Estado y señalando a artistas que participaban de ellos como “dependientes de la caja pública”. Sin embargo, su presencia en Jesús María reavivó un debate que el propio presidente había impulsado: quién financia realmente estos eventos.


Un festival con fuerte respaldo estatal

Aunque el Festival de Jesús María suele presentarse como un evento “privado”, cuenta con un aporte directo del Estado provincial de Córdoba de 500 millones de pesos. Así lo confirmó el ministro de Vinculación provincial, Miguel Siciliano, quien defendió la inversión al señalar que el festival no solo cumple un rol cultural, sino que motoriza la economía local, provincial y nacional.

El funcionario sostuvo que el gasto público asociado al festival genera un importante movimiento económico, con impacto en el consumo, el empleo y la recaudación impositiva, especialmente del IVA, un impuesto de carácter nacional.

A ese aporte provincial se suman auspicios y acompañamiento de organismos públicos, tanto provinciales como municipales, además de beneficios indirectos como exenciones impositivas y apoyo logístico. Todo esto vuelve difícil sostener que se trate de un evento completamente ajeno al Estado.


Del rechazo al reconocimiento implícito

La presencia del presidente en un festival con fuerte participación estatal fue leída por el oficialismo cordobés como algo más que un gesto cultural. Para Siciliano, que Milei haya aceptado participar implica, en los hechos, un reconocimiento tácito de la importancia de estas políticas públicas, incluso después de haberlas cuestionado con dureza.

El ministro fue claro: más allá de una eventual foto institucional con el gobernador Martín Llaryora, lo central es la decisión política de acompañar o no a los festivales populares, una discusión que Milei había planteado históricamente desde la lógica del recorte y el ajuste.


El archivo que incomoda

La escena en Jesús María contrasta con declaraciones pasadas del propio Milei, quien llegó a afirmar que los artistas que participan de festivales financiados con dinero público “no viven del arte, sino que son empleados del Estado”. También es el mismo presidente que atacó a figuras como Lali Espósito o María Becerra, cuestionando su presencia en eventos con apoyo estatal.

Hoy, ese discurso choca de frente con una realidad difícil de esquivar: el festival donde Milei cantó no existiría sin el acompañamiento del Estado, el mismo Estado que el presidente prometió retirar de la vida cultural.


Cultura, política y doble vara

El Festival de Jesús María es organizado por una entidad sin fines de lucro que articula cooperadoras escolares de la región y redistribuye parte de lo recaudado a instituciones educativas. Ese dato complejiza el debate, pero no lo anula.

La pregunta ya no es si el Estado debe o no apoyar la cultura, sino por qué ese apoyo es demonizado cuando conviene al discurso y naturalizado cuando resulta funcional a la imagen presidencial.

La postal de Milei cantando folklore no es solo una anécdota. Es un síntoma. Y también un recordatorio: el ajuste suele ser para otros, pero la cultura popular sigue siendo útil cuando hay escenario, aplausos y cámara encendida.

 

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